Del río al lienzo: el pejelagarto se convierte en arte y símbolo cultural
El pejelagarto, uno de los peces más emblemáticos del sureste mexicano, ha dado un sorprendente salto del agua al mundo creativo. Artistas, artesanos y promotores culturales han comenzado a convertir al pejelagarto en inspiración artística, transformándolo en esculturas, pinturas, artesanías y piezas decorativas que destacan su importancia cultural.
Este singular pez, famoso por su aspecto prehistórico y su fuerte presencia en la gastronomía regional, ahora también se posiciona como un símbolo artístico y cultural que representa la identidad del sureste del país.
El proyecto, ideado por Eduardo Alcántara y coordinado junto al artista plástico Andrés Pedrero, busca resaltar la identidad tabasqueña a través del arte urbano.
LEE TAMBIEN :Agua de pozo: el tesoro oculto que sigue dando vida a comunidades y tradiciones
“Elegimos al pejelagarto porque representa profundamente lo que somos como tabasqueños”, señaló Pedrero en entrevista.
Un ícono de la cultura convertido en inspiración el pejelagarto
Aunque hoy es una realidad, la iniciativa comenzó a gestarse hace más de una década, inspirada en intervenciones urbanas de otras ciudades. Diversos factores, incluida la pandemia, retrasaron su desarrollo. Finalmente, el trabajo conjunto entre artistas, instituciones y patrocinadores permitió concretar la muestra, que se inaugura el 24 de marzo en el Parque Tomás Garrido, dentro del Festival Guayacán y Maculís.
El pejelagarto es más que un alimento tradicional; para muchas comunidades representa historia, tradición y orgullo regional. Por ello, diversos creadores han decidido plasmar su figura en diferentes manifestaciones artísticas.
En exposiciones culturales, ferias artesanales y eventos gastronómicos, es cada vez más común encontrar figuras de pejelagarto hechas en barro, madera, metal o pintura, así como murales y diseños gráficos inspirados en su peculiar forma.
Los artistas aseguran que la intención es revalorizar los elementos naturales y culturales de la región, mostrando que aquello que forma parte de la vida cotidiana también puede convertirse en arte.
Más allá de lo visual, la exposición busca generar reflexión sobre la conservación del pejelagarto, especie amenazada por la contaminación y la invasión del pez diablo. “Su desaparición sería una pérdida grave para el ecosistema, la cultura y la gastronomía”, advirtió Pedrero.
Las 35 esculturas, elaboradas en fibra de vidrio, reflejan diversidad de estilos y técnicas, convirtiendo la muestra en un espacio de diálogo entre el arte y la sociedad.
“El arte tiene la capacidad de provocar emociones y reflexión”, concluyó Pedrero.

