El pontífice destacó que la colaboración entre los países presentes y el Vaticano puede fortalecer el sistema multilateral.
El papa León XIV envió un mensaje contundente a la comunidad internacional al afirmar que la Santa Sede no permanecerá “de brazos cruzados” frente a las graves desigualdades, injusticias y vulneraciones de derechos humanos que afectan al mundo. La declaración se produjo durante la audiencia concedida a 13 nuevos embajadores acreditados ante el Vaticano, un escenario que el Pontífice aprovechó para reafirmar la posición de la Iglesia frente a los desafíos globales.
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En su discurso, León XIV señaló que las crisis actuales —desde los desplazamientos masivos hasta la violencia armada— requieren una posición clara y acciones contundentes. “El sufrimiento de un solo inocente es motivo suficiente para levantar la voz”, afirmó, instando a los gobiernos a trabajar por soluciones pacíficas y sostenibles.
El pontífice también enfatizó el papel del Vaticano como mediador y defensor de los derechos humanos. Aseguró que la Iglesia continuará interviniendo en escenarios donde la vulnerabilidad humana sea evidente, promoviendo la paz, la solidaridad y el respeto entre naciones.
Mensaje hacia las comunidades religiosas : el Vaticano alza la voz
León XIV pidió a las comunidades católicas del mundo adoptar una postura activa frente a las injusticias locales. “La fe no es pasividad; es acción transformadora”, dijo. Con este mensaje, invitó a sacerdotes, organizaciones religiosas y fieles a fortalecer proyectos de apoyo a sectores marginados.
Analistas consideran que este pronunciamiento es uno de los discursos más contundentes del pontífice desde su llegada al Vaticano. La declaración reafirma una agenda centrada en derechos humanos y justicia social, posicionando a la Iglesia como un actor moral clave en medio de un contexto global complejo.
Durante su intervención, León XIV también hizo memoria del décimo aniversario de la beatificación de los mártires de Chimbote: los sacerdotes Michał Tomaszek y Zbigniew Strzałkowski, originarios de Polonia, y el italiano Alessandro Dordi. Los tres misioneros fueron asesinados por la organización maoísta Sendero Luminoso en Perú, en 1991. Para el Papa, sus vidas y testimonio representan un llamado actual a la unidad y recuerdan que “el Señor es capaz de unir lo que nuestra lógica humana tiende a separar”.

