Desde que la NFL anunció a Benito Antonio Martínez Ocasio, mejor conocido como Bad Bunny, como protagonista del evento que se celebrará el 8 de febrero de 2026 en el Levis Stadium de Santa Clara, California, las redes sociales y medios estadounidenses se han llenado de opiniones encontradas.
En redes sociales, el hashtag #NoBadBunnySuperBowl se ha vuelto tendencia mundial. Entre los comentarios destacan críticas hacia las letras de sus canciones y su estilo provocador, mientras que sus seguidores defienden su talento y su impacto cultural.
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La controversia ha encendido un intenso debate. Para algunos, incluir a Bad Bunny simboliza la evolución del entretenimiento global, integrando el reguetón y la cultura latina en espacios antes dominados por artistas anglosajones. Sin embargo, otros opinan que el show debería mantenerse dentro de “límites más familiares”.

Fans y detractores en guerra digital
El nombramiento del artista puertorriqueño ha generado un debate intenso. Su influencia global es innegable, pero su estilo y postura política han provocado que Miles quieren reemplazar a Bad Bunny mediante campañas como la creada en Change.org. Esta petición, que ya supera las 100.000 firmas, argumenta que sus actuaciones no se alinean con lo que consideran un espectáculo “familiar”.
A pesar de las críticas, los organizadores de la NFL no han emitido ningún comunicado sobre posibles cambios. Fuentes cercanas aseguran que el equipo de producción ya trabaja en una presentación “histórica y visualmente impresionante”.
El artista no ha respondido directamente a la polémica, aunque publicó una historia en Instagram con la frase: “El ruido no me detiene”, acompañada de una imagen en un estadio vacío.
Con esto, parece dejar claro que, pese a las críticas, su compromiso con el espectáculo sigue firme.
La controversia también alcanzó a Donald Trump, quien calificó la elección de la NFL como “absolutamente ridícula”. Asimismo, la organización Turning Point USA anunció que producirá su propio espectáculo de medio tiempo paralelo, reforzando el rechazo de ciertos sectores ante la presencia de Bad Bunny.
Entre los argumentos de los firmantes destaca la intención de “preservar las tradiciones musicales estadounidenses” y evitar que el Super Bowl “se convierta en una plataforma política o ideológica”.
Por su parte, los seguidores de Bad Bunny han respondido en redes sociales defendiendo su inclusión como un reconocimiento histórico a la música latina.
